PD: 09/16/2007

Los estudiantes extranjeros entregan sus tarjetas como muestra de apreciación
a la labor de sus profesores durante la ceremonia en honor a Confucio. (CNA)
Cerca de 100 estudiantes extranjeros que se encuentran realizando estudios superiores en Taiwan tomaron parte en una ceremonia dedicada a Confucio el 6 de este mes, con el propósito de tener una experiencia de primera mano sobre la ética tradicional educativa.
La actividad se realizó en el Templo de Confucio de la ciudad de Taipei, como clausura de la orientación para los nuevos estudiantes extranjeros del programa de becas patrocinado por el Fondo de Cooperación y Desarrollo Internacional (ICDF, siglas en inglés). Esta entidad ofrece becas a jóvenes de 20 países, entre ellos Panamá, Guatemala, Swazilandia, Gambia, Malawi, y Belice, para que continúen su educación en Taiwan.
El templo organizó una presentación de la "danza de las seis filas" por estudiantes de la Escuela Primaria de Dalong para honrar a Confucio, maestro y pensador de gran influencia en Asia. Los niños realizaron esta danza tradicional vistiendo trajes similares a los que se usaron hace casi dos mil años, en tiempos de Confucio.
Al principio de la ceremonia tradicional, el redoble de los tambores representa las aspiraciones y el compromiso de los estudiantes por culminar sus estudios.
Durante la ceremonia, los estudiantes presentaron tarjetas expresando su respeto a sus profesores. A su vez, los profesores les entregaron "los cuatro tesoros del estudio" --el pincel para escribir, el bloque de tinta, papel, y la piedra de moler tinta-- con el propósito de darles ánimo para sus estudios futuros.
Al final de la ceremonia, los estudiantes se arrodillaron tres veces y se inclinaron hasta tocar el suelo con su frente nueve veces, para demostrar su respeto a sus maestros.
El secretario general del ICDF, Chen Cheng-chung, presidió la ceremonia. Asistieron también miembros del Cuerpo Diplomático acreditado en Taiwan.
"Considero que esta ceremonia es realmente conmovedora. Me han enseñado mucho, y me hicieron sentir muy bien", afirmó Marquelda Ruiz Cortes, de Panamá, quien estudia maestría en Recursos Humanos en la Universidad Nacional Normal de Taiwan.
Por su parte, Indiana Ethel Siu González, de Nicaragua, quien estudia maestría en Estudios sobre Taiwan en la Universidad Nacional Chengchi, opinó que "Es agradable descubrir nuevas cosas sobre la cultura tradicional de Taiwan. Esta ceremonia constituye una promesa para ser buenos estudiantes. Cuando escribimos una carta a nuestros profesores, simboliza nuestro respeto hacia ellos, y ésto me impresionó mucho", agregó.
Karla Beatriz Vela Rodríguez, de El Salvador, quien estudia Administración de Negocios en la Universidad Nacional Chengchi, explicó que los estudiantes en su país también respetan a sus maestros, pero que no tiene ceremonias de este tipo, que conllevan un mensaje tan especial.
Por medio de esta ceremonia, el ICDF espera que los estudiantes extranjeros estudien arduamente y profundicen en su respeto hacia la cultura china tradicional.
En una noticia relacionada, más de 500 estudiantes locales y extranjeros participaron en la ceremonia tradicional en honor a Confucio el 4 de este mes, organizada conjuntamente por el Gobierno de la Ciudad de Taipei y el Templo de Confucio.
Este evento forma parte de una serie de actividades del Festival Cultural de Dalongdong, que culminará el 28 de los corrientes, con motivo del 2.557º aniversario del natalicio del conocido filósofo y maestro chino.
Jóvenes estudiantes de escuela primaria y secundaria asistieron a esta ceremonia para dar tributo a Confucio y presentar sus respetos a sus actuales maestros. También participaron estudiantes de la Escuela Europea de Taipei, acompañados por sus padres de familia.
Según la tradición, los padres de los estudiantes prepararon carne seca, apio, semillas de loto, dátiles rojos, longan y frijoles rojos para presentarlos a los maestros como agradecimiento por su laboriosidad y paciencia al educar a los jóvenes.
Shih Shu-li, secretario ejecutivo del Templo de Confucio, explicó que la ceremonia y la participación de estudiantes de distintas nacionalidades ejemplifican la filosofía de Confucio de enseñar a todos los que quieran aprender, sin discriminación por su edad o posición social.
PD: 09/16/2007
En su estudio en Taipei, Chi Chi-yun
nos da explicaciones acerca de su innovativa forma de arte. (Chen
Mei-ling)
Se observa una variedad de hortalizas dispersas sobre la mesa como si una ama de casa las hubiera extraído de una bolsa de compras a su retorno del mercado. Verduras de hojas verdes, zanahorias anaranjadas, papas marrones y tomates rojos completan la composición a color de un bodegón. Y estando en Taiwan, resulta inevitable algunos ajíes picantes rojos y verdes para aumentar el sabor. Toda la escena luce muy auténtica y real. Sin embargo, para sorpresa, no es real, sino apenas una mera pintura que cuelga de la pared. No es una obra al óleo, de acuarela o tintas, sino hecha con retazos de papel.
Esta es una obra de la artista de 78 años de edad, Chi Chi-yun, que tras lograr dominar varias formas artísticas a través de los años --desde la caligrafía y la pintura china con tinta, y del bordado al diseño de moda-- está experimentando romper el papel en pedazos para crear "pinturas con retazos de papel".
Después de experimentar y mejorar sus habilidades para romper papeles, Chi se ha enamorado tanto de su nuevo pasatiempo que ha dejado sus pinceles de pintar para concentrarse en esta forma de arte tridimensional.
Señalando al cuadro de verduras mixtas que cuelga de la pared, Chi explica que el secreto de la buena salud es tener una dieta balanceada. El tema de su obra y su filosofía de vida se resumen en dos líneas de caligrafía china que aparecen en el costado derecho de la pintura: "La Vía hacia la Longevidad radica en ellos".
Con su trasfondo en caligrafía y pintura, Chi ejecuta su rasgado de papel para crear obras con un estilo de la "tinta de agua", y se encuentra siempre en búsqueda de nuevos materiales para ser incluidos en su arte.
Uno de sus primeros éxitos fue un cuadro de peonías creado usando capa tras capa de papel para reproducir la rica apariencia de dichas flores. Las piezas que denotan mayor madurez incluyen muestras de bodegones y obras similares que describen verduras y otros alimentos; los cuales, según la pintora, son una ironía ya que ella rara vez va al mercado para adquirir comestibles. También realiza representaciones de parras de calabaza y bambúes, temas populares de los artistas chinos.
Chi nació en la provincia de Shantung, en China continental, y aprendió caligrafía y pintura desde muy temprana edad. En 1947, durante la Guerra Civil en China, ella visitó Taiwan y no pudo retornar a su provincia natal, convirtiéndose la isla en su hogar durante las últimas seis décadas.
Chi trabajó para poder subsistir, se casó y tuvo hijos, pero nunca abandonó su pasión por el arte, ganando menciones honoríficas en varias exhibiciones a nivel local y provincial, a la vez que ha enseñado las técnicas tradicionales a sus alumnos.
"Nunca aprendí formalmente ninguna forma de arte de arreglo de papel o ruptura de papel", explica acerca de su temprana y casi accidental experimentación con este género creativo. "Al inicio, sólo lo hacía para divertirme cuando me cansaba de pintar. Los pincelazos comenzaron a lucir planos y desprovistos de vida".
Ella quiso encontrar algo diferente y desarrollar una nueva forma de artesanía. "Tallar en piedra o hacer esculturas de madera requeriría un entrenamiento especial y un largo período de refinamiento, mientras que las artes del arreglo en papel son fáciles y más directas. Era algo entre lo realista y lo idealista". Esto hizo que fuese una forma artística accesible que sea popular con el público en general, dice ella.
Aunque los temas de las obras de Chi son tomados de los alimentos y objetos de la vida diaria, ésto no impide que ella se exprese desde perspectivas más sofisticadas. Al contrario, ella usa cosas sencillas para articular ideas profundas. Sus bosques de bambúes de color púrpura, por ejemplo, usan ideas de la filosofía Chan (Zen), ya que ellos representan el sitio donde la Bodhisattva Kuanyi (Guanyin) --Oyente de los suspiros mundanos-- practicó sus enseñanzas morales, explica ella. Los elegantes tallos del bambú simbolizan la perseverancia, la ilustración y el camino hacia la progresión; y ella ha usado el púrpura en vez de los bambúes verdes debido a que es más dinámico, explica ella. Uno casi puede escuchar el viento que lleva el sermón de la Bodhisattva a través del bosque púrpura, como si uno estuviera sentado meditando en un templo, señala Chi. "La brisa en el bosquecillo de bambú también sugiere una vida tranquila. Esto resulta importante para mi; me gusta una vida tranquila y pacífica donde pueda realizar mis creaciones artísticas".
Los crisantemos que aparecen en otras de las obras de Chi eran las flores favoritas de Tao Yuan-ming, poeta del siglo IV. Tao también disfrutaba de tener una vida solitaria sin ser perturbado por el mundo exterior, indica ella. El renunció los cargos oficiales y era sumamente feliz al vivir cerca de la naturaleza, un sentimiento que estuvo relacionado con su amor por los crisantemos. Consecuentemente, explica Chi, sus pinturas sobre flores tienen un significado más profundo que va más allá de su belleza superficial.
Una de las pasiones de Chi es usar materiales brillantes para lograr que sus obras sean más llamativas. Por ejemplo, un cuadro hecho con paja luce con mayor intensidad cuando ella usa pequeños diamantes en el mismo, los que parecen impartir un movimiento natural al campo con paja de arroz. En otra obra, los diamantes parecer reflejar el brillo del sol. Chi, quien nos dice que fue la diseñadora del cheongsam o chipao que vistió la primera Señorita China, explica que su idea de usar diamantes vino de su trabajo como decoradora de vestidos.
Su peculiar combinación de experiencias artísticas --bordado, así como caligrafía-- finalmente encontró la expresión más sublime en el arte de los retazos de papel. Cuando no tiene materiales adecuados a mano, Chi tiñe ella misma el papel, mojándolo primero y usando tinta para pluma con el fin de lograr que el color se disperse en forma natural a través de su superficie. Así, entre las múltiples capas de las flores de peonía, ella puede controlar la intensidad del color en cada uno de los 30 a 50 pétalos, ordenándolos en una secuencia donde van cambiando gradualmente los tonos oscuros a claros del color rosado. "Los pétalos imparten vida a las flores", dice ella, "y el color es la cosa más misteriosa".
Chi continúa exponiendo su teoría de que el color del vestido varía de país en país, y que uno puede identificar las características culturales desde la ropa de un país. Por ejemplo, a través de su observación, los países europeos tienen más colores otoñales en sus vestidos; mientras que aquellos de las naciones africanas contienen con frecuencia tonos rojos y azules más brillantes. Los colores otoñales usan mezclas, tales como verde y marrón, que según ella, sugieren más sentimientos misteriosos. Por otro lado, los vestidos africanos usan con frecuencia un solo color que permite a la gente ver claramente la composición.
Con respecto al proceso de teñido usado para hacer los colores otoñales, Chi revela: "Tenemos que teñir el papel capa tras capa, desde lo claro hasta lo oscuro, de modo que los colores combinados sean estables y saturados. Un teñido sencillo tiende a ser inestable".
Chi ha enseñado sus técnicas de arte en papel a cientos de estudiantes desde que ella se jubiló. Ella nos dice que suele instar a sus alumnos a crear sus propios estilos basados en sus experiencias de vida personales. Chi también ha sido invitada por la Asociación China de Intercambio Cultural para exhibir sus obras en Pekín; y luego de muchas décadas, en la ciudad de Qingdao, Shantung, donde ella hizo sus estudios universitarios.
Chi dice que su innovación artística sorprendió a la gente allí, y le pidieron que se quedara y enseñara en ese lugar. "Tengo más que suficientes estudiantes a quienes enseñar acá", comenta ella acerca de su hogar adoptivo en Taiwan.
Traducido del Taiwan Journal por Luis M. Chong L.
PD: 09/16/2007

En Taiwan, el séptimo mes del calendario lunar está reservado para honrar
a las ánimas. La tradición china dice que este mes se abren las puertas
del otro mundo y los espíritus pueden vagar por el mundo de los vivos. Por ello,
los taiwaneses preparan ofrendas para las ánimas en pena, o realizan ceremonias
especiales para apaciguar los espíritus que no tienen familiares que se acuerden
de ellos y los veneren. Hay una antigua ceremonia, nacida en un pequeño pueblo
pesquero de la costa norteña de Taiwan, cuya peligrosidad y majestuosidad despiertan
la atención de locales y extranjeros. La ceremonia se llama ciang gu, y se realiza
en el pueblo de Toucheng, en el distrito oriental de Yilan. Para cumplir la función
de presentar ofrendas a los espíritus errantes durante el período del Festival
de las Animas, taiwaneses valerosos deben trepar por un palo encebado hasta alcanzar
la cumbre de una torre. Esta no es una torre cualquiera: ofrendas como pollos, tamales
de arroz y otros cuelgan en manojos de palos de bambú. Este año, la torre
construida fue de 16 pisos, lo que añade un mayor elemento de peligro y tensión.
Los distintos equipos, como vemos en la gráfica, luchan por ser los primeros
en alcanzar una medalla y una bandera colocadas en la punta de la torre, ya que ésto
asegura prosperidad para los ganadores y la satisfacción de las ánimas.
Los taiwaneses creen que si ponen esa bandera en su barco, se garantiza una buena
pesca. En años recientes, muchos pueblos y ciudades de Taiwan se han esforzado
por desarrollar sus propias características y productos con el fin de atraer
turistas. Actividades como el ciang gu ya se han vuelto famosas nacional e internacionalmente. (CNA)